Aurora
era alargada, longilínea y de presencia ineluctable. Frente a ella me
desdoblaba y éramos dos veces Aurora. Muy
temprano empecé a imitar su mística movilidad, esa suerte de hechizo que
lanzaba con tan sólo respirar. Ella, se reía de mí e ignoraba los reproches de
mamá puliendo mi temprana exploración. “Ya se te pasará”. Pero los años
transcurrieron y poco a poco Aurora dejó de ser un simple modelo a seguir y fue un espejo en el cual podía verme, tal cual
era en realidad.
Empecé
descubriéndome los hombros, el ombligo y un poco las piernas, pero no dejé de
notar que aun sabiéndome idéntico a Aurora no causaba el mismo efecto. Ella me
miraba con una compasión que fue haciéndose dolorosa y motivo de alejamiento,
pero aun cuando nos hicimos ajenos, ella no dejó de ser la sangre en que me
veía reflejado.
Sin
Aurora, pronto me lancé a la calle. Los pocos amigos que hice, los conseguí
gracias al hábito de mascar chicle que ella me heredó. Como no había dinero para
comprar golosinas, empecé a tomar los
que la gente dejaba sobre el suelo. Las muchachas de la esquina se reían de mí
y me daban grandes bolas de chicle, rellenas de mierda y mugre. Jamás les dije
nada, me las metía a la boca y fingía complacencia porque sólo ellas me
dirigían la palabra. De grandes fueron mis amigas, me daban su ropa y medias viejas
para llenarme el busto que crecía, conforme el de ellas se inflaba. Dejaron de
llamarme Cristian y me dijeron Cris, pero siempre preferí llamarme Peri Rossi,
eso porque lo leí en algún libro de Godoy, el negro pícaro de la esquina
movimentaria.
La
última noche de mi vida pensé mucho en aquello que Aurora provocaba con tan
sólo descubrirse el hombro, ¿Qué había en ello que yo no lograba? Apenas
conseguí la firme mirada de Godoy, pero ese miraba igual todo aquello que se le
pasara por el frente, llámese perro, Cris, Cristian o Peri Rosi. Esa noche me
paré en la calle, me alcé la falda y descubrí el sexo que las chicas habían
bautizado como, “Cris, el descomunal”. Por primera vez fui observado con esa
mirada inquisitoria que recibía Aurora, aunque la gracia me valió varios tiros
de la limpieza social.
Publicado en Revista El Mango, 2015
Aurora, aunque la gracia me valió varios tiros de la limpieza
social.
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