Eva, sentada al pie de un árbol acarició uno de sus frutos. Desnuda y enrojecida la manzana, dejó que Eva oteara sus rincones diminutos y ricos. Pero el fruto, aún prendido del árbol, fue relegado por la presencia de Adán. Un minuto más tarde, el primer hombre, sudoroso y satisfecho, deshabitó el cuerpo de Eva. Avergonzado le obsequió la manzana y ambas, aún inconformes y con su primer encuentro vivo, gestaron las expulsiones y los paraísos.
Sensaciones y sentidos II, 2015
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