La tomó contra el suelo y sin
mayor preámbulo introdujo su sexo una y otra vez con fuerza. Ella no pudo hacer
demasiado, no gritó y pese al horror de aquel encuentro -en medio de todo -tuvo
tiempo para pensar en el diagnóstico del oncólogo. Ya tenía
sus años y había
hecho en su vida todo lo que había soñado. Esa tarde se dirigía a visitar la
tumba de su esposo para contarle que en poco tiempo estarían juntos nuevamente:
su cáncer era voraz y avanzado. Rumbo al cementerio y pese a
las recomendaciones, tomó la ruta
próxima al callejón hasta donde aquel
hombre la arrastró. Aún contra los pronósticos, el cáncer no mató a Eduviges.
X Concurso Literario Bonaventuriano, 2014
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