domingo, 23 de abril de 2017

Sobre el Lenguaje y la Historia

Tendido sobre la lona presencia del vencido su nacimiento
Con la boca atiborrada de sangre
Con los nudillos deshechos
Con toda las apuestas en contra,
Protagoniza el silencio

Sobre la lona pare el vencedor la cuna del vencido
Con el rostro deshecho
Y cubierto de sangre
Con todo a favor,
Protagoniza el silencio

Sobre la hoja llora quien vive el adiós de sus muertos
Sobre la hoja remedia el villano sus desaciertos
Sobre la hoja crece el pequeño y miente el bueno
Sobre la hoja crea  el cronista
Sobre la hoja nace la bestia medieval: el indio americano.
Sobre la hoja se funda el poder del cruel
Y se niega el pudor del desnudo.

Publicado en Revista Electrónica Liber. Septiembre, 2016

La Tabla Armónica

No, no es el piano
No son las manos sobre el piano
No es ese diálogo estruendoso,
Mezcla de sincronía y silencio.

No, no es la imposibilidad de huir
No es la búsqueda inoficiosa
Es el artefacto que devoró el piano
Es la mecánica que consumió al pianista.

No, no es la tabla armónica privándonos de la soledad
No es nada,
Es la música que se ve pero no se oye
Es la diacronía que me dispersa,
Y llega como puñalada
No, no es nada
Soy yo que no quiero oír.

Publicado en Revista Electrónica Liber. Septiembre, 2016

sábado, 22 de abril de 2017

Entre Espectros y Prisiones

El espejo
El mundo se define en la confrontación.
 La visión del otro
El nacimiento de un cruel antagonismo.
La omisión y el silencio, son instrumentos creación y tortura.
La lengua es un órgano de bendición y castigo.
El árbol no es el árbol, no siembra, no florece.
Decir árbol cien veces no revive la Amazonía.

El recuerdo
La soledad sucumbe en el silencio
Vos nunca estás en la foto aunque tu rostro me observa.
La soledad es hogar del engaño
La vieja casa contiene el aliento:
Los muebles siempre deshabitados,
Las persianas siempre parpadeantes
Y la habitación intacta.
La foto está vacía,
Me vigila con sus ojos de panóptico.
Regresamos por la ruta del desvío,
Cada vez más breve el retorno por la fuerza de la costumbre.
La soledad es aullido de lobo y orgia de gatos.
 La soledad, cálido refugio del engaño.
Decirlo todo, callarlo todo, lo mismo da.

La voz y lo dicho
 Qué difícil toparse con la razón de escribir,
Todavía viva y tan delimitada, tan fácil de decir,
Sin ninguna muerte a cuestas
Y sin ninguna vida por venir.

Entre las mujeres y el sexo,
Un par de letras,
Las charlas estúpidas,
La cara fea,
El cuerpo masculino
Y la fuerza indecible.
Como quisiera volver a la cajita, pero escribir con tanto de adentro que al hacerlo se me rasgara la hoja.



Publicado en Revista Electrónica Liber. Septiembre, 2016

Tres Motivos


El lapicito está muerto y triste. Nunca comprendí por qué lo llamaste así. La mañana del viernes pasado me levanté con algo de dolor en la entrepierna y cuando fui al baño lo saqué y allí estaba. El lápiz se veía enorme, rojo y bravo: como un toro feroz en la arena. Asustado lo guardé tan pronto terminé de orinar y regresé al cuarto. Me desnudé por completo y me paré frente al espejo. Allí estaba: monumental, erecto e irreconocible. Pienso que ciertas partes, aunque parezcan chicas, son enormes en su contexto: yo soy un hombre pequeño, mis músculos están bien definidos pero sé que no soy grande y por eso el nuevo lápiz se veía espeluznante. Quizá en el cuerpo de un hombre más embarnecido se vería bien. Me senté al pie de la cama y recordé tus teticas de perra lactante. Tu cuerpo frágil y delgado que me permite – aun siendo un hombre pequeño – verme como tu gigante protector. Recordé tu sexo mínimo y estrecho; tu sexo de niña eterna y virgen. Recordé el dolor que padeces cuando lápiz y yo te abordábamos y pensé que no podrías soportar sus nuevas dimensiones. Es posible dañarte y maltratarte toda. Concluí que si era un lapicito – como tú misma lo bautizaste – había que tratarlo como tal para que se consumiera, perdiera volumen y regresara a su tamaño original.

Siempre aborrecí que compararas el acto sexual con sacar punta y que llamaras al Maestro Roshi, el lápiz. No quiero parecer estúpido, pero tu metáfora vana fue en ese momento mi única respuesta: debía tajar el lápiz. Así que salí del cuarto, bañado en sudor por los nervios que provocaba la medida a ejecutar. Me topé con tu hermana: me la follé. Salí como pude de sus garras y en la calle vi a tu vecina: me la follé. Llegué a la oficina, oloroso e impresentable. Hablé unos segundos con mi jefa: me la follé. Siempre explicabas aquello del lápiz con esas cosas poéticas y pendejadas; cosas sobre un algo que yo dejaba escrito dentro de ti. Ahora no lo recuerdo claramente, pero esa cursilería y el hecho de que no comprendieras encontrarme desnudo en nuestra cama y al lado de tu madre, es lo que me ha motivado a escribirte e intentar explicarte – aunque suene raro – que todo lo hice por amor.



Horario estelar

Creo que es momento de terminar lo nuestro. No tuve que pensarlo demasiado y no es falta de amor. Oye bonita, ese viernes en que hice la cena a la que no llegaste por culpa de esa reunión inesperada con tu jefe, me quedé sentado largo tiempo en silencio. A las 8 en punto encendí la televisión: esa bacanal de pura mierda. Apenas terminaba A Mano Alzada, esa serie en dónde unos estudiantes de dibujo solucionan todas sus disputas voleando lápiz. ¿La recuerdas? A veces ves los capítulos mientras yo te saboreo como te gusta. Cuando terminó, empezó el capítulo final de Dios Me Dé: inesperado capítulo. Pues te cuento que nuestro músico predilecto, ese que escribió letras de un ritmo hermoso e inolvidable y el mismo que sonó cada vez que bailamos para enamoraros más, mató a Rosa. Era un artista convencional, periquero hasta los picos e inexplicablemente un asesino. La vida de nuestro ídolo me hizo reflexionar sobre lo nuestro. ¿Qué puedo brindarte cuándo ni siquiera he logrado decirte que te amo usando mis propias palabras? ¿Qué puedo ofrecer si cada cosa te la dije parafraseando al asesino de Rosa? Mis maletas ya están hechas y hace unos segundos llamé al taxi. No es importante decir para dónde voy, pero antes quisiera darte un consejo: cuando un hombre te hable bonito, acuérdate de Dios Me Dé y no le creas.



Lápiz labial

Para empezar debemos despedir a Magola. Siempre te dije que esa mujer es incompetente y está muy vieja. Estoy harto de verla transitar por la casa provocando trancones en cada esquina y en todo momento. Me molesta su cara cubierta de arrugas y sueños sin cumplir. ¿Lápiz labial en la camisa? Parece el título de una canción muy barata y de poca imaginación. La mancha debe llevar meses en la camisa y es muestra impajaritable de cuan ineficiente es el trabajo de Magola. Le he dicho que lave mi ropa a mano, pero insiste en echarla toda y sin clasificación previa a la lavadora. Esa mancha de lápiz labial debe llevar casi seis meses en ese cuello: es la huella de la última visita de tus labios. Es una evidencia arqueológica: pues, dime tú, ¿hace cuánto que no follamos?



Publicado en ViceVersa. 7 de febrero del 2016